desde otras vidas –quizá-;
Viniste y esperaste a que mi alma estuviera lista para recibirte,
te traje hacia mí cuando regresaba de tan prolongado viaje,
Te recibí con el corazón abierto,
te reconocí al instante como
la manifestación de la belleza de
mi espíritu.
Abrazados nos fundimos en lo divino, como siempre lo añoraba.
Continúo llamándote con mi mente y el corazón colmado de felicidad
de saber que existes y mi cuerpo vibra al recordar tu presencia en mí,
Atesoro la esperanza de que tu espíritu tan libre me traiga nuevamente
tu presencia,
y que en mi alma descanse al fin…
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