jueves, 13 de marzo de 2014


Te llamé con la mente y el corazón desde hace mucho tiempo,
desde otras vidas –quizá-;
Viniste y esperaste a que mi alma estuviera lista para recibirte,
te traje hacia mí cuando regresaba de tan prolongado viaje,
Te recibí  con el corazón abierto, te reconocí al instante como
la manifestación  de la belleza de mi espíritu.
Abrazados nos fundimos en lo divino, como siempre lo añoraba.
Continúo llamándote con mi mente y el corazón colmado de felicidad
de saber que existes y mi cuerpo vibra al recordar tu presencia en mí,
Atesoro la esperanza de que tu espíritu tan libre me traiga nuevamente tu presencia,
y que en mi alma descanse al fin…



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