Las mujeres conejo, con sus ritmos, sus espirales, sus tiempos, con su poder de transmutar el miedo y conectar con la luna desde la oscuridad, desde lo que consideramos negativo.
Las mujeres águila con su visión aguda y su posibilidad de perspectiva, con su vuelo alto y capacidad de regenerarse.
Las mujeres libélula de vuelos silenciosos y poderosos, cuyas olas de transformación abrazan a quienes las rodean, con su posibilidad de unir lo visible y lo no visible. Con sus obsequios de luz y alegría, en la memoria de vivir siempre desde la bendición.
Las mujeres oso con su medicina de maternidad y límites amorosos, con su capacidad para llevarnos a la cueva a introspección y a recapitulación, con sus rituales de silencio entre un pasaje de vida y otro.
Las mujeres jaguar con su impecabilidad e integridad, con su posibilidad de sanar la sombra, de comerse el ego, la envidia, la importancia personal; con sus garras para destruir todo lo que separa a la humanidad de la unidad.
Las mujeres nutria con su dulzura, su feminidad, su curiosidad, con la belleza de su danza y su juego. Con su medicina de confianza y receptividad, con el cuidado de las aguas que mueven la vida.
Y todas, con su luz de verdad, con el abuelo fuego en las manos y la abuela luna en el vientre, cantarán una sola canción, rememorarán todo lo que ha sido y todo lo que será.
Texto: Mujer Ek Balam

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