Llueve y llueve en la Ciudad de México desde mediados de mayo -creo-, han sido tormentas e inundaciones -lo de siempre-, hubo lluvias eléctricas en septiembre de esas que dan miedo; cayó granizo en junio y julio, grande y abundante, destruyó todo lo que había sembrado desde enero, destruyó mi huerta, y rompió mi corazón... ha amanecido muy nublado y con frío, de repente se deja sentir ya muy cerca el invierno, otro invierno, uno más... pero no deja de llover y llover, hoy prácticamente todo el día, hasta ahora.
No me resulta particularmente abrumador si como en estos días la lluvia es tranquila; al contrario, me parece conveniente para estos tiempos, porque siempre he pensado que lo bueno de tanta lluvia es que el agua y las tormentas se llevan todo lo que no es del Corazón, y así, se le escucha con más claridad.
Namasté!
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